Uñahuilli

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Uñahuilli

El aire en Latacunga siempre ha llevado una gruesa capa de azufre y barro cuando la niebla desciende desde el Cotopaxi. Fue durante esos inviernos coloniales, cuando el tiempo parecía disolverse entre el vapor que subía de las estufas de leña y el crujir de los cascos de los mulos sobre la piedra desnuda, que las lavanderas comenzaron a escuchar los lamentos.

No era el viento moviendo las tejas en sombra, sino el claro, húmedo y desgarrador llanto de un recién nacido abandonado entre los matorrales de chilca y ortigas a lo largo del camino.

Aquellos que se atrevían a recoger el bulto envuelto en finas mantas de lana, arrullados por una compasión que olía a amanecer y pan bendito, sentían de repente que el peso del niño se transformaba en una masa fría y arrugada.

Al correr la cortina bajo la tenue luz de las lámparas de sebo, la lástima se convertía en un frío perpetuo que paralizaba la lengua del desdichado hombre, porque donde debería haber habitado la inocencia, dos ojos que ardían como brasas en un horno los miraban, acompañados de una fila de dientes afilados que soltó una risa helada y siniestra que permaneció en el aire mucho después de que el espectro desapareciera en una densa bocanada de humo negro…

El misterio del uñahuilli (uñaguille o Huiña Huilli)

Esta narración corresponde a las: Leyendas de Cotopaxi, leyendas andinas y leyendas de terror

Ficha técnica

Personaje Principal:El Uñahuilli (Espectro / Demonio con forma de infante) dependiendo de la zona se lo conoce como Uñaguille o Huiña Huilli, Arrieros y Trasnochadores (Víctimas).
Ubicación:Se hace referencia de la entidad en varias zonas de la sierra centro del Ecuador como Cotopaxi, Tungurahua, Chimborazo y Bolívar
Época:Época Colonial (Siglos XVII – XVIII) y Época Republicana Temprana. Contexto de arriería y transporte a caballo.
Objetos clave y símbolos:Manta de castilla (lienzo de ocultamiento), Candil de cebo (luz mortecina), Olor a azufre (marca demoníaca).

Ya quisiera oírles diciendo que son lindos e indefensos, después de descubrir las toscas pezuñas del uñahuilli, sus ojos color rojo infierno y sus colmillos afilados… luego de escuchar sus alaridos lastimeros… o, después de percibir su nauseabundo olor a azufre. Es que el uñaguille es el diablo en persona; y no es una forma de decirlo, es el mismísimo diablo y hace sus fechorías.


Se han registrado apariciones de este malévolo ser en varios lugares del Ecuador como Tungurahua, Chimborazo, Pomasqui, Quito y Bolívar; pero las más dramáticas han sido en la provincia de Cotopaxi, cerca de Latacunga.

Al Uñaguille le gusta llamar la atención de campesinas que caminan solas por bosques sombríos o chaquiñanes, la mayoría de sus apariciones suceden muy temprano en la mañana o cuando el sol empieza a ocultarse. De repente comienza a llorar a todo pulmón como un niño pequeño; entonces, la mujer conmovida desde sus entrañas, comienza a buscar de donde proviene el llanto, para poder rescatar al bebé abandonado, que seguramente estará pasando frío y hambre…

Es de la bondad de las lugareñas que quieren cuidar y proteger al pobre bebé desvalido de lo que se aprovecha el Uñaguille; se esconde en lugares de difícil acceso hay que atravesar pequeños ríos, subir árboles, cruzar malezas, pero la buena voluntad de las mujeres es más grande que las dificultades presentadas.

“¿Quién puede abandonar así a un pequeño?”, piensa la mujer cuando se dispone a tomar en sus manos el pequeño bulto abandonado; es allí donde hay cosas extrañas; la primera es el olor, el niño huele a diablos, literalmente, cuando lo intenta levantar, pesa más de lo que debería, algo como un quintal… y la tercera es el calor, parece como un carbón encendido… De repente, el llanto del tierno bebé empieza a cambiar, se convierte en un chillido y luego, una risa burlona y diabólica… Es el Uñahuilli, de guagua diablo.

De la manta saca su cachuda y horripilante cabeza y se abalanza a abrazar a su víctima gritando “¡mamá!, ¡mamá!” obviamente la mujer huye despavorida y gritando mientras es perseguida por el diablo. Si es buena para correr, es probable que pueda salvarse, pero el recuerdo de su encuentro con el uñaguille, quedará para siempre en su memoria; pero si el diablo la alcanza, esa mujer no podrá contar la leyenda.

Por ello es común escuchar el dicho: “Si el guagua llora raro, ¡podría ser el diablo!”

¿Quién es el Uñahuilli y dónde aparece en Ecuador?

El misterio del Uñahuilli (también registrado en las crónicas de la sierra central como Huiña Huilli o Uñaguille) está profundamente arraigado en la mitología de las provincias de Cotopaxi, Tungurahua, Chimborazo y Bolívar, especialmente a lo largo de los senderos rurales que conectan Latacunga con La Maná y Guaranda con San Miguel. A diferencia de los duendes de la costa, como el Tintín, que persiguen pasiones terrenales, el Uñahuilli es un alma atormentada con una apariencia espectral fija: toma la forma de un tierno bebé abandonado para apelar a la caridad de los trasnochadores, arrieros y hombres que regresan a casa con el juicio nublado por chicha o licor de caña.

La historia del Uñahuilli —también llamado Uñahuille, Uñaguilla, Huiña Güilli o Huiñi Huilli— tiene distintas versiones, pero, en lo que todas coinciden, es en su escenario: la región Interandina del Ecuador. En medio del páramo, en un camino desolado o al lado de una quebrada, durante la noche o al amanecer, viajeros se pierden por escuchar el llanto de un bebé. Este clamor los atrae, evidentemente, y les urge ayudar al infante perdido. El relato, transmitido oralmente por generaciones, toma diferentes rumbos en cada una de sus varias adaptaciones.

En la Sierra Central (Cotopaxi, Bolívar, Tungurahua y Chimborazo): Se la conoce principalmente como Huiña Huilli o Uñaguille. El término proviene de la hibridación de las palabras quechuas “Uña” (criatura/tierno) o “Huiña” (eso que crece) y “Huilli.” Aquí, el castigo del espectro no es la muerte inmediata, sino más bien “mal de aire” o desmayos perpetuos causados por el olor a azufre y la vista de sus colmillos.

En el Norte del país: Hay una fuerte sinergia conceptual con la leyenda del “Guagua Negro” o el “Guagua Auca.” Sin embargo, en las zonas costeras, la criatura normalmente aparece cerca de estuarios y ríos pantanosos, y sus llantos se confunden con los sollozos de La Llorona o las trampas de La Tunda. En Bolívar, por otro lado, es un habitante estricto de los pastizales y senderos de los Andes.

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Preguntas frecuentes sobre la leyenda de Uñahuilli

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