
Datos interesantes
Personajes: El Guagua Auca (infante no bautizado), el viajero solitario, el arriero de páramo.
Locaciones: Andes Ecuatorianos, Páramos, Chimborazo, Carchi, Quebradas andinas.
Época: Transversal (Raíces coloniales con vigencia en la tradición oral contemporánea).
Simbolismo: La culpa social, la importancia del rito del bautismo, el miedo a la naturaleza indómita.
El guagua auca, leyenda tradicional ecuatoriana, nos narra que en las sombrías calles de Penipe, un borrachín desafortunado abandona la cantina en plena oscuridad y emprende el tortuoso camino hacia su hogar, situado en las inmediaciones del cementerio.
Allí, entre las sombras amenazantes y el rumor de historias malditas de el guagua auca, se desencadenará una serie de eventos que desafiarán su cordura y lo arrastrarán a un enfrentamiento con lo sobrenatural.
En los páramos donde el viento corta como una navaja y la niebla es tan masticable como pan viejo, el grito de la Guagua Auca no es un eco, sino una presencia tangible que hace que el barro se vuelva más espeso bajo las botas de cuero. Para los arrieros que cruzan los valles de la Sierra Central, encontrar un bulto envuelto en tela blanca entre las rocas es tan natural como la lluvia que huele a tierra vieja o el frío que trae el sabor metálico del trueno lejano. El pequeño ser, con piel pálida que parece moldeada de ceniza volcánica, espera bajo el refugio de los pastizales, emitiendo un gemido que se mezcla con el crujido de la madera húmeda. Quien se detiene a recogerlo no solo carga con un infante sin nombre, sino que levanta del suelo el peso de un siglo de olvido y el calor febril de una criatura que busca desesperadamente el agua del bautismo para dejar de ser simplemente una sombra entre las colinas.
El misterio del Guagua Auca: ¿Quién es el niño del llanto en el páramo?
Esta narración corresponde a las: Leyendas de Chimborazo, leyendas andinas y leyendas de terror.
Sin un solo centavo en los bolsillos, el borracho salió de la cantina cerca de la media noche. Lo había perdido todo apostando al cuarenta. Menos mal, su compadre de toda la vida le invitó a unos cuantos tragos de contrabando, si no le hubiera tocado aguantarse la derrota a secas.
Dirigió los pasos hacia su hogar ubicado cerca del cementerio. Caminó por el Penipe desierto de calles en penumbra, cercos de cabuyo negro y lúgubres sombras de cedros en la oscuridad. En medio de la embriaguez, estuvo consciente cuando pasaba frente al campo santo. Aceleró sin atreverse a dirigir ni una sola mirada a las tumbas porque le aterraba. Dobló a la derecha en la esquina y anduvo unos metros más. Ahí estaba el lugar que le advirtió su abuela señalándolo con el índice ¡Huy, cuidado con esa parte del cementerio hijito!, por ahí ronda el diablo, a veces se asoma como el guagua auca.
No le sorprendió la mala fama de ese sector del panteón, pues por causa de las novelerías de la iglesia, ahí era donde se enterraban a los suicidas y a los niños que morían sin el perdón del pecado original. El borracho pensó que la noche se tornaba cada vez más oscura, de pronto, escuchó el llanto de un bebé. Fue un ruido casi imperceptible, un leve quejido entrecortado, apenas audible, al cual, no le prestó atención. Siguió caminando, avanzó unos cuantos pasos más, y entonces el llanto fue más evidente. Era un lamento desgarrador, un cloqueo repentino y estridente que le pareció el de un recién nacido. El borracho samaritano buscó por todas partes al bebé, fue difícil por la ausencia de luz, pero al final lo halló, debajo de un enorme cabuyo negro, estaba envuelto como una humita llorando sin tregua.
De pronto afloraron los sentimientos altruistas del borrachín, qué, compasivo, lo tomó entre sus brazos, pensó que su mujer podría cuidarlo por esa noche, mientras buscaban a la madre desnaturalizada que lo había abandonado. Le pareció que el niño no podía moverse, de manera que lo desenvolvió con ternura y le dijo, Mira, qué lindo bebe ¿Por qué te abandonaron?
¿Cómo reconocer la presencia de un Guagua Auca?
Siguió su camino con el infante en brazos, todavía no terminaba de cruzar por el lado izquierdo del cementerio, cuando se fatigó por el esfuerzo de la carga. Sintió que la embriaguez le pesaba también, no conseguía caminar en línea recta y el bulto era más pesado a cada paso que daba, aunque esta última afirmación, le pareció dudosa, de manera que se detuvo para comprobar la certeza de su absurda percepción acerca del peso del niño ¿Cómo podía un bebé crecer tan rápido?
Levantó el velo que le cubría el rostro, mudo de espanto, fue testigo de cómo la fisonomía de la criatura cambió, era el guagua auca. Los ojos se le crisparon, sus rasgos se tornaron diabólicos y le crecieron unos colmillos descomunales. Papá, Papá, ve qué lindos ojos tengo. Papá, Papá ve qué lindos dientes tengo, dijo el niño con voz gutural.
En menos de un minuto el borracho estuvo sobrio por el golpe del susto, pero se quedó paralizado. Papá, Papá, ve qué lindo rabo tengo. Cuando diabólico niño dijo esto, el joven salió del estupor y vio que tenía entre los brazos al demonio en persona, el guagua auca, no supo de dónde sacó fuerzas para arrojarlo por los aires y salir corriendo tan pronto como sus pies le permitieron.
Al siguiente día, encontraron al desafortunado joven, estaba despatarrado muy cerca de la esquina izquierda del panteón, tenía residuos de espuma en la boca. Los vecinos no dudaron que el guagua auca fue el responsable, pues hace poco un niño murió sin el sacramento del bautismo.
Datos Interesantes de la leyenda el guagua auca
Penipe es una encantadora ciudad ubicada en Ecuador, específicamente en la provincia de Chimborazo. Situada en la Sierra Central del país, se eleva a una altitud aproximada de 2.900 metros sobre el nivel del mar. Esta ubicación geográfica le otorga un clima templado y la rodea de majestuosos paisajes montañosos y volcanes imponentes, como el reconocido volcán Tungurahua.
En la cultura popular católica latinoamericana, existe una fuerte creencia en la importancia del sacramento del bautismo para la salvación y la entrada al Reino de Dios. Se considera que el bautismo es necesario para liberar a los niños del pecado original y asegurar su lugar en el cielo sin quedar vagando por la tierra como el guagua auca.
Cuando se produce la muerte de un niño sin haber recibido el sacramento del bautismo, se genera una gran preocupación y tristeza en la comunidad. Existe la creencia de que estos niños, al no haber sido bautizados, no están completamente libres del pecado original y no pueden acceder al cielo directamente. Esta creencia se basa en la doctrina católica que enfatiza la necesidad del bautismo para la purificación del alma y la recepción de la gracia divina.
Lugares de aparición: De las quebradas de Quito a los cerros de Chimborazo y Carchi.
En la Sierra Central (Chimborazo y Tungurahua): Se enfatiza que es el alma de un niño no bautizado que busca padrinos. Se dice que si le das un nombre al aire, el peso disminuye.
En la Frontera Norte (Carchi): La leyenda se entrelaza con la del «Duende», sugiriendo que el Guagua Auca es una trampa de seres elementales de las cuevas para atraer a los caminantes hacia el abismo.
En la zona de Pichincha: Se asocia a menudo con quebradas específicas (como la de Guápulo), donde el llanto se escucha antes de las tormentas eléctricas.
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Preguntas frecuentes de la leyenda del guagua auca










