El Guagua Negro

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El guagua negro

El aire en la ladera de Culebras siempre ha olido a niebla masticada y brezo acre, un clima implacable de páramo donde el frío no toca la piel, sino que habita desde el nacimiento en las mismas bisagras de los huesos.

A lo largo de los senderos de mortiño y arbustos de cerote, donde la tierra se traga los pasos sin dejar rastro, Juan Domingo Tatamués caminaba con el peso de un amor acorralado y la convicción prendida a la cinta roja de su sombrero, sin saber que en las noches andinas los milagros y las apariciones no son más que accidentes cotidianos del paisaje.

Fue en la sombra oscura del árbol de pumamaqui donde el destino concibió una vida en medio del susurro de las montañas, mientras las rocas de Piedra Plancha sudaban ese silencio mineral que precede a lo fantástico: la certeza de que un niño pequeño, con pantalones demasiado grandes y un alma atormentada, acecha en el crepúsculo, montado en el viento, para medir con la fuerza de su látigo el verdadero peso del corazón humano.

El Guagua Negro: La aterradora leyenda de los Andes ecuatorianos

Esta narración corresponde a las: Leyendas de Carchi, leyendas andinas y leyendas de suspenso.

Ficha técnica

Personajes Principales:El Guagua Negro, Juan Domingo Tatamués, María Líes.
Ubicación:Pueblo de Orejuela (Julio Andrade), Cuesta de “Culebras”, Posada “Piedra Plancha”, Paja Blanca, Ipiales, Tulcán, Cimas del Boliche.
Época:Época republicana / conservadora (contexto de tensiones políticas y religiosas, mención a Juan Montalvo y uso de la cinta roja revolucionaria).
Objetos y símbolos clave:El fuete o “perrero” de arriero, el sombrero con cinta roja, el árbol de Pumamaqui (garra de puma), las alpargatas.

El guagua negro se asoma cada noche de luna en el paso del Nudo de Boliche y lo hace a toda persona que tiene mal corazón.

Hay varias versiones acerca de esta leyenda. Su paso es obligado para todo viajero que quiere llegar a Tulcán.


¿Dónde apareció realmente el Guagua Negro?

El viaje inicia en el antiguo pueblo de Orejuela, hoy llamado Julio Andrade, y tomando la cuesta de “Culebras”, llegaban a la posada que llamaban “Piedra Plancha” o del “Pumamaqui”.

Los caminantes apresuraban su paso para ascender o descender, pues temían a la noche y con ella los asaltos, el frío excesivo y sobre todo de “el guagua negro”, el cual aparecía intempestivamente sobre cualquier roca, con un poncho pequeñito, unos calzones sumamente grandes, alpargatas y en su diestra un “perrero” o fuete de arriero, con el cual espantaba a los viajeros, pero no a todos, sino a quienes demostraban mala conducta o mal corazón.

Sin embargo, el susto era mayúsculo y todos invocaban a la Virgen de las Lajas al llegar a tan singular paraje.

Juan Domingo Tatamués, mozo fornido y revolucionario de cepa, había nacido en algún lugar cercano a Tulcán y tuvo la suerte de acompañar a su padre en una noche de fuerte invierno hasta Ipiales, lugar desde donde debía acompañar a Don Juan Montalvo en un viaje a Tulcán.

En ese corto recorrido escuchó con fervor las instrucciones y lecciones del insigne batallador ambateño.

Desde aquel día cambió la cinta del sombrero entretejida por su madre por una roja de gran proporción, símbolo indiscutible de su convicción política.

En uno de los tantos viajes que solía realizar al interior del país debido a su condición de arriero, conoció en Paja Blanca a María Líes, hija décima de Francisco Líes, el cual, por amor a la religión, había tenido tres mujeres, las cuales le dieron doce hijos.

Se rasgaron muchas vestiduras. Parecía que de un momento a otro el cielo vomitaría fuego.

En fin, los dos amantes, en una noche de luna por medio chaquiñán cubierto de cerotes mortiños y arrayanes, huyeron despavoridos de las críticas y ofensas de la sociedad de aquel entonces.

Cuentan que en la casa posada esa noche descansaron. Allí engendraron un niño a la sombra del pumamaqui y el arrullo de los montes.

Noches más tarde, el guagua negro, con sombrero de lana adornado con cinta roja, poncho pequeñito, calzones anchos, alpargatas ceñidas con lanas azules de gran tamaño y en su diestra un fuete de arriero castigaba a quienes aparentaban tener un gran corazón, pero que sus acciones eran negras, negras como las sombras que cubren las cimas del Boliche.

Datos Interesantes de El guagua negro

En la Sierra Norte (Carchi e Imbabura): Se le concibe como el espíritu guardián de los cruces de caminos y de las altas tierras frías. Viste con la ropa de un arriero (poncho corto, pantalones anchos, sombrero con una cinta) y lleva un látigo o “perrero” para castigar a los viajeros hipócritas, a los que tienen malas intenciones o a los de moral dudosa.

En la Sierra Central y Sur (por ejemplo, Pichincha, Chimborazo): La figura del niño mitológico a menudo se entrelaza o se confunde con la del Guagua Auca o el Uñahuilli, seres nacidos de niños que murieron sin bautizar o que nunca nacieron, cuyos llantos en los barrancos atraen a los viajeros para asustarlos o vengarse sin distinción moral.

El pumamaqui o garra de puma, es un arbusto endémico del Ecuador, demora hasta 20 años en completar su crecimiento, además, es hogar de varias especies endémicas de la Sierra ecuatoriana.

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Preguntas frecuentes sobre el guagua negro

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