
El río Esmeraldas no estaba fluyendo: llevaba un sudor espeso de alquitrán, salitre y hojas de cacao podridas que se pegaban a las canoas como una segunda piel de madera.
Alrededor de las dos de la mañana, cuando la humedad de la noche suavizaba hasta los huesos de los muertos y los perros caían en un silencio profundo, el agua se abría sin sonido, apenas saludada por el parpadeo verde de los luciérnagas que surgían de la corriente.
Los que vigilaban la pesca sabían que la silueta flotante no era cualquier balsa, sino un ataúd de madera rancia partido en dos, impulsado por una cruz gastada que servía de remo y guiado en la proa por una linterna moribunda con luz verdosa.
El olor a cera fría y lecho del río anunciaba al visitante: un alma perdida navegando con las espinillas cruzadas, buscando almas naufragadas o búhos nocturnos para ofrecerles una risa sofocada que permanecía en el aire mucho después de que la sombra hubiera desaparecido en la niebla.
La Leyenda del Riviel: El alma que navega los ríos de Esmeraldas
Esta narración corresponde a las: Leyendas de Esmeraldas, leyendas de la costa y leyendas de terror.
Ficha técnica
| Personajes Principales: | El Riviel (Alma en pena / Espectro fluvial / Músico intruso) Pescadores, trasnochadores y bailarines de marimba en Esmeraldas |
| Ubicación: | Ríos y desembocaduras de la provincia de Esmeraldas, Océano Pacífico (Costa de Ecuador) |
| Época: | Época colonial y republicana; arraigado en la tradición e identidad afroecuatoriana |
| Objetos clave: | Canoa partida (ataúd), cruz/canalete, candil de luz verde, arpones, redes, anzuelos, oración de La Magnífica |
El Riviel es un alma en pena que se desplaza misteriosamente por las noches en las aguas de los ríos, provocando espanto a los infortunados individuos que se cruzan en su camino.
No faltan quienes dicen que es un ataúd con un difunto en su interior que viaja errante por las desembocaduras de los ríos e incluso el mar, llevando una vela encendida sobre la caja mortuoria.
Así, hay quienes afirman que se trata de una calavera perforada cuyos orificios expelen llamaradas; otros aseguran que se trata de dos tibias cruzadas con una vela encendida.
Viaja a bordo de una canoa partida que tiene la forma de un ataúd, lleva una cruz que le sirve de canalete y un candil de débil luz que va en la proa de la frágil embarcación.
El Riviel gusta de asustar a las víctimas y se les acerca sigilosamente para propinarles repetidos canaletazos que las hacen caer al agua, donde las zambulle con la intención de ahogarlas. Toda su maldad la festeja en medio de risas y carcajadas maliciosas.
Para evitar que se les acerque, los trasnochadores suelen llevar en sus canoas una red, anzuelos, arpones y otras herramientas propias de las faenas de la pesca, que sirven como amuletos para repeler la maléfica y tenebrosa visión.
Misterios ocultos y simbología del Riviel
Sobre el Riviel hay una interesante historia que se repite entre los afrodescendientes, donde se presenta como un joven simpático, parrandero y cantor que aparece en los bailes de marimba.
El bullanguero intruso solo es descubierto por los asistentes cuando de sus tobillos salen lucecitas verdes al bailar, y entonces cunde el terror que echa a perder el jolgorio.
Pero los viejos aconsejan que para librarse de su presencia hay que gritar: ¡red!, ¡arpón!, ¡chinchorro!, ¡anzuelo! y nombres de otros artilugios para pescar.
Igualmente, rezar la oración llamada La Magnífica, que también da resultado.
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Preguntas frecuentes sobre el Riviel









