
Datos interesantes
Personajes Principales: El Diablo (entidad espectral), Trasnochadores, Bohemios, El Corregidor / Alguaciles de la época.
Locaciones Geográficas: Loja (Ecuador), Calles empedradas del centro histórico, Caminos coloniales comunes en la región de la Sierra.
Época y Contexto: Siglo XVIII y XIX, Época Colonial / Republicana temprana; sociedad profundamente católica y supersticiosa.
Objetos Clave / Símbolos: Carruaje de hierro/madre, Cadenas oxidadas, Caballos negros, Olor a azufre, Rosarios de plata.
El carro del diablo nos cuenta las misteriosas apariciones a lo largo y ancho de la provincia de Loja de un carruaje fúnebre que recorría las empedradas calles para llevarse a todos los que llevaban una vida de pecado o habían muerto en él.
Afuera, en las calles adoquinadas de Loja durante la noche, un trueno seco cruzó el cielo sin lluvia. No era un retumbo natural proveniente de las montañas; sonaba como un fuerte golpe sobre un portón de hierro forjado, como si una presencia inevitable reclamara su lugar entre los vivos con la insolencia de un visitante eterno. Dentro de sus casas de adobe, que olían a incienso de copal y ceniza fría, las familias se persignaban con una torpe prisa, mientras las cuentas de sus rosarios vibraban al unísono con el tintineo de hierros invisibles que trepaban la pendiente. Los perros quedaron en silencio de manera abrupta, manteniendo ese denso silencio de los animales que sienten lo que no es de este mundo, mientras un viento con sabor a azufre y óxido se filtraba por las grietas, anunciando el avance de esa sombra mecánica que arrastraba las almas de los búhos nocturnos extraviados antes de que el primer gallo cantara fuera de tiempo.
El Carro del Diablo: La Impactante Leyenda Ecuatoriana de las Noches Lojanas
Esta narración corresponde a las: Leyendas de Loja, leyendas andinas y leyendas de terror.
Un grupo de caballeros lojanos se encontraba en horas de la noche tomando en una cantina, ubicada en la calle Bolívar, cerca de la Plaza de la Independencia de San Sebastián. Ellos escuchaban que un vehículo subía a toda velocidad y parecía tener las ruedas de palo.
Los trasnochadores al escuchar el tremendo ruido dejaron sus botellas y vasos para ir a observar qué es lo que sucedía. Se sorprendieron al ver un carro negro, que parecía carroza fúnebre, que estaba rodeado de velas de colores que arrojaba una luz fosforescente. Además, un cofre mortuorio que iluminaba al conductor que estaba vestido de negro y parecía arrojar fuego de su rostro.
A los clientes de la cantina se les quitó hasta la borrachera al ver tremendo espectáculo. Uno de ellos se desmayó, botaba espuma por la boca y perdió el conocimiento. Al día siguiente la noticia se regó en todo el pueblo.
Nadie ponía en tela de duda que era el diablo que venía en su carro hasta Loja para llevarse en cuerpo y alma a los que habían muerto en pecado mortal.
Luego de ello, se estableció una costumbre entre los lojanos de acompañar a los difuntos durante las 24 horas del día hasta el sepelio, sin fallar ningún solo minuto, y rezando para ahuyentar a Satanás para que no llegara en su fatídico carro a llevarse a los muertos antes de recibir cristiana sepultura.
Algunas personas no creían en fantasmas, peor en el diablo, y adoptaron llamarse los liberales, quienes desafiaban a aquella creencia y se reunieron para libar en la misma cantina de la esquina y afrontar aquel hecho sobrenatural.
A las 19:00 estuvieron instalados en una mesa con licor, mientras una guitarra entonaba pasillos. El silencio fue evidente cuando sonaron las 12 campanadas de la torre de la iglesia de San Sebastián. De pronto se escuchó el alboroto de aquel carro que hacía sonar sus ruedas de palo sobre la calle Bolívar. Cada vez se acercaba más.
De repente, el “auto del diablo” se detuvo frente a la cantina. Vino una ráfaga de viento, abrió las puertas y apagó las velas que iluminaban el sitio. Las ceras fueron cambiadas con aquellas que estaban dentro de la carroza y que arrojaban una luz resplandeciente de diversos colores.
La incredulidad y valentía de los jóvenes liberales se esfumó en un instante y enseguida salieron en precipitada carrera, muy asustados, junto a los dueños del local, en busca de un refugio.
Lo curioso del caso es que al otro día se reunió la comunidad para dirigirse a la cantina, con el fin de inspeccionar la calidad de velas dejadas allí la noche anterior, pero para esa hora no existía ninguna vela, sino unos largos huesos que correspondían a un cadáver.
Autoridades eclesiásticas recogieron los restos humanos, luego de echar agua bendita sobre el sitio y en devota procesión con el pueblo los enterraron en el cementerio. Desde aquel día no se volvió a ver ni a escuchar sobre este famoso carruaje fúnebre.
Datos Interesantes
Son varias las localidades de la provincia que atribuyen su origen, su relato aparece en la cultura popular de Cariamanga, Loja y Catamayo, entre otras.
Notas de la Tradición: Variaciones Regionales del Relato
- En la Sierra (Loja): Se describe como un carruaje fúnebre colonial de metal negro o madera crujiente, tirado por caballos negros con ojos de fuego, muy ligado al castigo de los vicios nocturnos y su semejanza con los cortejos de las funerarias antiguas.
- En la Costa (Guayas/Manabí): La tradición se transforma en El ataúd ambulante que surca los ríos de la cuenca del Guayas, con una vela encendida.
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Preguntas frecuentes sobre el carro del diablo










