Las brujas de Zamora Huayco

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Las brujas de Zamora Huayco

Datos interesantes

Personajes Principales: Doña Filomena: Dama solterona, antes hermosa, sumida en la obesidad y la pobreza material. Doña Sabina: Acompañante de Filomena y nexo con el mundo de las hechiceras.

Personajes Secundarios: Las Brujas de Zamora Huayco, los dos guardias/gendarmes de la noche.

Locaciones Geográficas: Ciudad de Loja (Ecuador) , Calle Principal , Iglesia de San Sebastián , Valle y Sector de Zamora Huayco.

Época y Contexto: Época Colonial / Republicana temprana. Sociedad sumamente recatada, católica y conservadora.

Las brujas de Zamora Huayco cuenta la historia de Doña Filomena, quien desesperada por su condición, recurrió a las brujas de la zona con el fin de recuperar todo lo que había perdido.

Es una leyenda muy conocida en la bella ciudad de Loja, al extremo sur del Ecuador.

¡Te invitamos a leerla!

La tienda de la señorita Filomena olía a grasa rancia, alcanfor y la densa y lenta grasa de un estilo de vida sedentario que, día tras día, borraba la delicadeza de sus rasgos juveniles detrás del mostrador de madera carcomida por los gusanos. El aire en Loja, cargado con la niebla que descendía de las colinas del este, parecía congelar sus cuatro viejos muebles y los estantes cada vez más vacíos, testigos silenciosos de una opulencia que el tiempo había devorado sin pedir permiso. Fue Doña Sabina, su única y eterna compañera, quien rompió la rutina de la letargia con un susurro que llevaba el olor a azufre y ruda húmeda, convenciéndola de emprender a pie un viaje hacia las profundidades de Zamora Huayco. En ese rincón donde el río muerde la arcilla, las famosas hechiceras no invocaban demonios extranjeros, sino que despojaban las almas de aquellos que lo habían perdido todo, enseñándoles que, para recuperar su fortuna y el cortejo de los hombres, primero debían aprender a despojarse de su piel humana a medianoche. …

Leyenda las brujas de Zamora Huayco

Esta narración corresponde a las: Leyendas de Loja y las Leyendas andinas.


En una de las casas situadas en la calle principal de la ciudad, vivía una dama solterona que pasaba, igual que los demás de su oficio, dormitando las tardes tras el mostrador de su almacén.

Las comodidades que gozaba y la vida sedentaria que llevaba la volvieron sumamente obesa y la grasa de su cuerpo terminó borrando sus facciones regulares y bonitas.

No pasó mucho tiempo hasta que su enorme riqueza se redujo a unos cuatro muebles viejos, aparte del almacén que cada vez se veía más vacío.

Su única compañera era Doña Sabina, quien a raíz de la muerte de sus padres, se había convertido en la única persona que cuidaba de ella.

Un día la convenció de acudir en “un viaje” hacia Zamora Huayco para compartir un hechizo con las famosas brujas que habitaban ahí, y de esa forma acabar con su infortunio.

Luego del viaje, un terrible escalofrío sacudió el cuerpo de la dama y sintió el impulso de huir despavorida, pero la vieja Sabina no permitió que ella se marchara.

Las brujas comenzaron a levantarse de sus asientos e Iban a postrarse a los pies de un chivo con cabeza de demonio y luego de que le besaran las patas, recogían del suelo una bolsa de cuero llena de monedas de oro.

Terminado este ritual, las hechiceras volvían a pronunciar el estribillo que las transformaba en murciélagos, pavos u otras aves voladoras y retornaban a sus viviendas en donde luego adquirían otra vez su forma natural.

Con el dinero que traía de aquellas reuniones volvieron los parientes, amigos y hasta los admiradores de la señorita Filomena.

Una noche dos guardias vieron salir de la casa de la señorita Filomena a un par de raros animales que emprendieron vuelo hacia la zona de las brujas de Zamora Huayco.

Momentos antes habían sonado las 12 campanadas de la medianoche en la iglesia de San Sebastián y los gendarmes llenos de miedo y curiosidad apuntaron su rifle en dirección a estas criaturas.

Su error fue disparar únicamente al más grande, quien cayó bruscamente sobre el patio del cuartel, mientras que la otra siguió su camino.

Cuando los agentes vieron caer al animal, corrieron a mirarlo. Pero su sorpresa no tuvo límites, cuando se encontraron con el cuerpo ensangrentado de la señorita Filomena.

Uno de los tiros le había perforado la cabeza y otro el corazón.

La agonizante dama pidió a los guardias que por favor la llevaran y la dejaran morir en su casa sin decir una sola palabra a nadie.

Los guardias accedieron a su petición y luego de dejar a la moribunda en manos de la vieja sirvienta que los había estado esperando en la puerta de la casa, regresaron a su cuartel y sacrificaron a un pequeño perro para justificar el ruido de los tiros y la presencia de la sangre regada sobre el patio.

¿Dónde apareció realmente la leyenda de las Brujas de Zamora Huayco?

La geografía sagrada de esta historia no es un accidente. El relato oficial conservado en los archivos tradicionales sitúa los eventos en el extremo sur de Ecuador, específicamente en la majestuosa ciudad de Loja. En las lejanas épocas coloniales y republicanas, la vida de sus modestos habitantes se desarrollaba al ritmo de las campanas de la Iglesia de San Sebastián. Sin embargo, el verdadero epicentro de lo sobrenatural se traslada a Zamora Huayco, un área que en tiempos coloniales servía como las afueras rurales de la ciudad, un valle regado por arroyos y cubierto de vegetación espesa donde los vientos andinos se encuentran con la Amazonía. Las crónicas orales afirman que fue allí, entre árboles centenarios, donde las brujas realizaban sus rituales de transformación masiva.

Notas sobre la Tradición: Variaciones Regionales del Mito

El fenómeno de las mujeres voladoras está profundamente arraigado en la identidad ecuatoriana, pero su interpretación varía drásticamente de provincia a provincia:

En la Sierra Sur (Loja): Las brujas de Zamora Huayco están estrechamente vinculadas con la pérdida de estatus social y la codicia comercial. El mito cuenta que se transformaban específicamente en murciélagos, pavos u otras aves rapaces grandes mediante encantamientos mágicos para transportar tesoros y recuperar riqueza material.

En la Sierra Norte (Ibarra/Imbabura): El enfoque se desplaza al mito de “Las Voladoras” o las brujas blancas de Ibarra. A diferencia de las brujas de Loja, estas visten largas túnicas blancas, son extremadamente atractivas a la luz del día y utilizan escobas para abrir las nubes con el fin de enviar mensajes o espiar a los jóvenes pretendientes, transformando en animales a quienes se burlan de ellas.

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Preguntas frecuentes sobre la leyenda de las brujas de Zamora Huayco

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