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El nacimiento de la selva ecuatoriana

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Leyenda del nacimiento de la selva ecuatoriana

Ecuador es un país maravilloso lleno de paisajes y rincones hermosos. Uno de esos rincones paradisíacos es la selva ecuatoriana, allí habitan los shuar quienes viven justamente en el sureste de la Amazonía, en los valles del Upano, Zamora y Nangaritza. Como toda cultura bien formada, poseen su propio alfabeto y una escritura ya estructurada. Esta cultura tiene además reglas sociales establecidas, son polígamos, es decir los hombres poseen varias mujeres siempre y cuando las puedan mantener.
Su principal alimento es la yuca pero lo complementan con la caza y la pesca. Tienen una cultura rica en leyendas, creen en seres superiores que conviven con el hombre. Antiguamente este grupo era temido por su ancestral costumbre de reducir las cabezas de sus enemigos.

Leyenda del nacimiento de la selva ecuatoriana

Cuenta una de sus leyendas más antiguas que cuando los shuar empezaron a poblar el oriente ecuatoriano, este era totalmente diferente a como es en la actualidad, solamente extensas llanuras se divisaban a lo largo del inmenso territorio, casi ninguna planta crecía en ese lugar, solamente una hierba servía de alimento a este pueblo, era el unkuch.

Gracias a esta hierba, esta gente pudo mantenerse por un tiempo, pero dos demonios se fijaron en la suerte del pueblo y decidieron acortar los días de la tribu.

Sin más, un día el unkuch simplemente desapareció de la faz de la tierra y con ella también empezó a extinguirse la tribu shuar, pues el hambre apagaba lentamente sus vidas.

Todos buscaban la hierba, pero la debilidad acababa con la vida de todos, solo una mujer llamada Nuse, se llenó de valor al ver a sus hijos muriendo de hambre y se propuso llegar a los lugares más lejanos y peligrosos de la extensa llanura.

La primera vez salió sola y no pudo encontrar rastro alguno de la hierba, preocupada por sus hijos, tuvo que regresar. La segunda vez decidió salir a buscar el unkuch con sus hijos, pese a ello, la suerte no los acompañó y quedaron uno a uno tendidos en la llanura, totalmente agotados y muertos de hambre.

Finalmente mientras la madre entraba en desesperación, vio que en las aguas del río que cruzaban la llanura, extraños trozos blancos flotaban, se arrojó a las aguas sin pensarlo dos veces y masticó despacio aquel extraño alimento, este resultó ser suave y de agradable sabor y decidió llamarlo yuca.

A toda prisa, recogió más yuca de las aguas, para llevárselas a sus hijos, pero una extraña sensación la invadía estaba segura de que alguien la observaba, Nuse miró en todas las direcciones y vio como una extraña mancha de color gris se iba formando en el cielo, retrocedió asustada, pero al volver su mirada a las nubes, descubrió que se había formado un rostro de mujer, al ver la dulzura del rostro pregunto:

– ¿Quién es usted señora?

Una voz suave y delicada contestó: “Soy Nunkui, la dueña y soberana de la vegetación, he visto como tu pueblo vive en una tierra desnuda y triste en donde ya ni siquiera crece unkuch pues dos demonios se la robaron”.

Llena de tristeza, Nuse le contó a Nunkui como su pueblo iba desapareciendo poco a poco, al final de su relato, la reina de la vegetación le dijo: “Nada les ocurrirá Nuse, tu has demostrado valentía y por ello te daré no solo en unkuch, sino toda clase de alimentos”.

Así en segundos, ante los ojos sorprendidos de Nuse, todo a su alrededor cambió, grandes árboles crecían vertiginosamente, todo el piso quedó cubierto por verdes plantas de todos los tamaños y formas posibles, y junto a la vegetación, aparecieron millones de seres que poblaban de vida y cantos a los cielos, los árboles y las aguas.

Nuse quedó extasiada, pues jamás había visto nada semejante: el paisaje era majestuoso y la música que cantaba la floresta, le había robado el corazón.

Nunkui continuó:

-Y para tu valeroso pueblo tengo un preciado obsequio, una de mis hijas espirituales los acompañará y con ella irá la magia de encontrar exquisitos alimentos que ayudarán a los tuyos a crecer fuertes.

-Muchas gracias, oh diosa Nunkui, -respondió Nuse

Nunkui desapareció y de las aguas del río salió una hermosa niña.

Nuse quedó deslumbrada por lo que había visto, con una gran sonrisa la niña miró a la mujer y la guió entre la espesura del bosque.

Mientras recorrían la selva, Nuse iba recordando a sus hijos y a su pueblo y una gran tristeza la invadió, entonces, la pequeña, la hija de Nunkui -como luego la llamaron-, le anunció que allá también, en el territorio de los shuar, la vegetación crecería majestuosa; entonces, llena de emoción, Nuse buscó a sus hijos, los alimentó y retornó a su pueblo.

Cuando llegaron, Nuse descubrió, que tal y como se lo habían prometido la diosa y la niña, sus tierras se hallaban pobladas por una espesa naturaleza llena de vida y esperanzas para su gente. Los shuar fueron aprendiendo con la ayuda de la hija de Nunkui a emplear las hierbas para curar a sus enfermos, para alimentarse y para poder hablar con sus dioses.

Datos Interesantes

Las ajas son espacios donde los shuar cultivan plantas que sirven de alimento para su familia o comunidad cuando participan en mingas.

La mayoría de indígenas de esta etnia, que vive en Zamora Chinchipe, conserva este sitio que es manejado por las mujeres de la comunidad. Los hombres ayudan ahuyentando a los animales como la danta, el oso, tigre de montaña… que causan daño a las plantas.

Muchos nativos shuar mantienen su aja con unas 50 variedades de plantas, entre comestibles, medicinales y frutícolas. 

El aja se asemeja a un huerto agrícola de un mestizo, pero la particularidad es que está lejos de las casas. Además, sirve como vivero para luego trasplantar las especies en otros espacios para su crecimiento. 

Las variedades más comunes que siembran son la mama, conocida como yuca, y el inchi, que es el camote. También, cultivan el nuse, nunkain, irpij, wapai (papaya), chiu, cacao, yuwi, papachina…etc.

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